SANTA CRUZ, Bolivia.— En una época donde la familia enfrenta constantes ataques y el matrimonio atraviesa profundas crisis en la sociedad contemporánea, la Palabra de Dios volvió a señalar el camino para la restauración del hogar. Durante el tercer servicio del jueves por la noche en el VI Congreso Sudamericano del Movimiento Misionero Mundial, el secretario internacional, Rev. Albert Rivera, compartió un mensaje que llamó a los creyentes a edificar matrimonios sólidos sobre el fundamento eterno de Jesucristo.

Basando su exposición en 1 Pedro 3:1-7, el ministro recordó que la estabilidad de un matrimonio no depende de la ausencia de dificultades, sino de la presencia de Cristo gobernando la vida de ambos esposos. “No hablamos de matrimonios perfectos porque no los vamos a tener, pero sí de matrimonios estables, porque el fundamento es Jesucristo”, expresó, destacando que únicamente una relación cimentada en el Señor puede permanecer firme frente a cualquier adversidad.
El expositor señaló que muchas de las crisis familiares tienen su origen en la falta de sometimiento a la voluntad de Dios. Explicó que cuando el Señor ocupa el centro del hogar, las diferencias dejan de convertirse en motivo de división para transformarse en oportunidades de crecimiento espiritual y fortalecimiento del vínculo matrimonial.

Uno de los aspectos centrales del mensaje fue la advertencia sobre el orgullo, al que calificó como uno de los principales enemigos de la armonía conyugal. El Rev. Rivera afirmó que el egoísmo impide la acción de Dios dentro del hogar y dificulta el ejercicio del perdón, la comprensión y la humildad, virtudes indispensables para preservar la unidad familiar.
Al dirigirse a las esposas, resaltó la importancia del testimonio cristiano como instrumento para alcanzar a quienes aún no conocen al Señor. Recordó que una conducta guiada por el Espíritu Santo puede impactar profundamente el corazón del esposo, tal como lo enseña el apóstol Pedro. Asimismo, enfatizó que la verdadera belleza de la mujer cristiana no proviene de los adornos exteriores, sino de un corazón transformado por Dios. “La belleza de una mujer de Dios debe brotar del corazón y no de una tienda de ropa”, manifestó.
La enseñanza también estuvo dirigida a los padres de familia, a quienes exhortó a asumir plenamente la responsabilidad espiritual de sus hijos. El secretario internacional recordó que la formación en los caminos del Señor comienza en el hogar y constituye una tarea que Dios ha confiado directamente a los padres. “La responsabilidad de criar a nuestros hijos es indelegable”, afirmó, resaltando que ninguna ocupación puede reemplazar el compromiso de enseñar la fe y los principios bíblicos a las nuevas generaciones.

Durante la ministración, el Rev. Rivera explicó además que el matrimonio representa un pacto espiritual establecido por Dios, en el que ambos cónyuges participan de las bendiciones prometidas cuando permanecen caminando en obediencia al Señor. Esa unidad, señaló, fortalece la vida familiar y refleja el propósito divino para el hogar cristiano.
Como parte de su reflexión, hizo referencia a estudios realizados en los Estados Unidos que identifican la incompatibilidad, la falta de compromiso y la infidelidad como algunas de las principales causas del divorcio. Frente a esta realidad, sostuvo que la solución continúa siendo la misma establecida por las Escrituras: una relación viva con Jesucristo y una obediencia sincera a Su Palabra.
El mensaje concluyó con un llamado a renovar el compromiso matrimonial delante de Dios, invitando a cada familia a permitir que Cristo gobierne sus decisiones y fortalezca su convivencia. La Iglesia fue exhortada a convertirse en un ejemplo para la sociedad, demostrando que cuando el hogar está cimentado sobre la roca que es Jesucristo, puede permanecer firme frente a cualquier desafío y transmitir a las futuras generaciones un testimonio vivo del amor y la fidelidad de Dios.
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