Gran victoria entregó Dios al presbiterio de San Juan por sus 38 años de labor misionera.

En un servicio especial y de acción de gracias, se celebró un año más de arduo trabajo de la obra del MMM en San Juan, una obra que empezó con esfuerzo y amor por las almas perdidas.

Cumplir un año de vida es una bendición; cumplir un año de trabajo misionero en victoria es más que una bendición. Es sentir el respaldo de Dios en todo lo que nos permite hacer, sentir que su mano poderosa nos sostiene, sentir que el esfuerzo tiene un fruto y sentir su amor como gran recompensa.

La actividad de este último jueves albergó a pastores invitados, locales y oficiales nacionales que, juntos, elevaron una oración al cielo para dar gracias por los 38 largos años de labor misionera en esta zona de la selva peruana.

Los oficiales nacionales orando por el Rvdo. Hernán Larico Mamani, responsable del presbiterio 161, en San Juan, Loreto.

El supervisor nacional del MMM en Perú, Rvdo. Josué Ascarruz, y el oficial nacional, Rvdo. Noé Huari, encabezaron este servicio especial. La palabra compartida por nuestro supervisor tuvo como enseñanza buscar intensamente a Dios en oración.

Al término del mensaje, se realizó una oración de agradecimiento a Dios y rogaron juntos que el trabajo actual que realiza el Rvdo. Hernán Larico Mamani, como presbítero y responsable de la zona que alberga, sea fortalecido por el Espíritu Santo.

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